De un curioso, no ilícito desvelo,
Dina, bien persuadida y mal segura,
con disfrazadas galas ver procura
en otras el retrato de su cielo
Por sosegar su honor y su recelo,
se cubre el rostro; pero fue locura,
pues vino a ser afeite en su hermosura
el ocultarla con tan fácil velo
Sale gallarda, y los claveles rojos,
viendo a Siquén, de púrpura mejoran,
y logra amor sus fímeros antojos.
Lloran los ojos el honor que ignoran,
que como el daño nace de los ojos,
son también los primeros que lo lloran.