La voz sonora de un rocín gallego
que al Setabiense aclama noche y día
llegando al reino de la muerte fría
del buen Quijote perturbó el sosiego
¡Hi de pu !, dijo el paladín manchego,
¿ese follón amengua mi valía?
¡Sús! ¡Alto! ¡A castigar su demasía!
Ensilla, Sancho, a Rocinante luego.
Señor, ¿a Rocinante? Si se enfada
mi rucio solo acallará sus voces,
dejándole tendido en la estacada
Harto se echa de ver que no conoces,
Sancho amigo, su fuerza denodada:
capaz es de matarte el rucio a coces.