Heridiana, pastora, linda amada
de Ibero un pastor que la doraba
riberas del Rezín se paseaba
de su querido amigo acompañada.
Paróse de que estuvo algo cansada
y en agua cristalina se miraba,
temiendo Ibero que presente estaba
que de sí no quedase enamorada.
Cubrióle de presto entrambos ojos,
y mil veces besándola decía:
«Heridiana de hoy más ten este aviso
si quieres que vivamos sin antojos,
de los ríos y fuentes te desvía,
no te acontezca a ti lo que a Narciso.