Mejor, vacas, iréis sin mi gobierno,
paced, seguid, corred vuestro antojos
que yo no os llevaré por los abrojos
por aguas turbias de perpetuo invierno.
En villa rechapado, manso y tierno
estando libre fuera de cardojos,
hiriéronme malgrado los mis ojos,
pues yo los heriré de llanto eterno.
¡O toros muy amados, o novillos,
huid de mí que estoy amodorrido,
herido del amor, suspenso, ciego!
Vosotros os guardáis como agudillos,
que mal os guardará un pastor perdido
sin seso, sin amparo, sin sosiego.