Vuelvo, y no como esclavo fugitivo
que teme de su dueño el rostro airado,
mas como buen vasallo despechado
que tiene fe segura en pecho altivo.
Y aunque descubro el sentimiento, vivo
de un dolor no creído o no aliviado;
confieso que a mis daños obligado,
en sujeción gloriosa estoy cautivo.
Mas no consiente Amor que mi tormento
tenga fin, ni principio, ni esperanza,
que aún del mal que padezco está envidioso.
Tal es la causa y tal el pensamiento,
que puestos gloria y pena en su balanza
está el peso del bien y el mal dudoso.