El roto arnés y la invencible espada
que coronó la presumida frente
del muerto rey que a la francesa gente
obediente mantuvo y enfrenada,
pudiera ya en el templo estar colgada
y en descansado honor resplandeciente,
sin volver a tentar osadamente
la varia rueda de la diosa airada.
Mas el discurso y el saber humano
no alcanza aquella esencia sin medida
que el poder de los ánimos limita,
dando fuerza y valor a flaca mano
contra el heroico rey, en cuya vida
altos designios y esperanzas quita.