De este pastor cuya cerviz exenta
el aplauso feliz logra del prado,
a la onda obedece y al callado
numeroso redil, ovil sin cuenta.
Pues que si la robusta lucha interna,
o al culto se dedica ejercitado,
de las serranas nuestras aclamado
la envidia de estas selvas alimenta.
No tiene el bosque en sus entrañas, fiera
segura de las armas de su ira,
ni toro exento al yugo en su ribera;
si de amor canta o por amor suspira,
corazones de piedra vuelve en cera
con los dulces acentos de su lira.