Esta flecha de amor con que atraviesa
de parte a parte el corazón rendido,
de tan gloriosa causa ha procedido,
que me siento morir, y no me pesa.
Ya el alma en su tormento no confiesa
sino su cautiverio apetecido,
pues con aprobación de mi sentido
funda su libertad en estar presa.
Ver, adorar, morir, fue todo junto,
dando, con sólo veros, mi tormento
forzosa causa a su mortal estado.
Porque a tan gran peligro basta un punto,
y a la luz de sus ojos un momento,
para dejar sin vida a un desdichado.