Estos hijos de amor mal conocidos,
en acechar su mal sólo ocupados,
son una quintaesencia de cuidados,
más desvelados cuanto más dormidos.
Mueven guerra a la fe y a los sentidos,
abrasan, y temiendo, están helados,
y son ajenos bienes que, soñados,
quedan en propios males convertidos.
No tiene ser, y danle a su tormento
peligrosa fuerza violentada,
y sólo de los daños son testigos.
Tienen por ley la de mudar intento,
y con una sospecha idolatrada,
son aconsejadores enemigos.