Mil veces afrentado en esta vida,
quisiera ya romper sus duros lazos;
pero pónenme estorbos y embarazos
la ley que guardo, sólo a vos debida.
Hubiera mi paciencia inadvertida
las cadenas de amor hecho pedazos,
mas la culpa y dolor, que andan a brazos,
a mi sólo razón dejan vencida.
Así queda la duda declarada
y el corazón, señora, condenado
a que espere de vos lo que más sienta.
Ríndese la razón desconfiada,
porque sufrir la vida en tal estado
no solamente es daño, sino afrenta.