Esta imaginación que sólo estriba
en cerrar a mi bien siempre la puerta,
un forzoso imposible en mí concierta,
hallando gusto en pena tan esquiva.
Como no deja causa tan altiva
vislumbre de descanso, ni aun incierta
quedó tan lejos la esperanza muerta,
que aun no me acuerdo que llegase viva.
Mi esperanza murió sin haber sido,
por no ofender la fe que desterrada
la dejó por razón y por ventura.
Murió en idea sin haber nacido,
y en las razones a que fue entregada
vive la fe, señora, más segura.