Milagro sois del mundo y aún del cielo,
donde os espera más triunfante silla,
por octava y primera maravilla
de inmortal fama y de inmortal consuelo.
Mi pluma no emprendió tan alto vuelo,
porque es conocimiento quien la humilla;
por vos está Aragón y está Castilla,
ésta ufana y aquélla en desconsuelo.
De vos, señora, por la fe se alcanza,
que no os puede alabar, sino ofenderos,
quien callando no ofrezca su alabanza.
Quereros entender es no entenderos,
pensar en vos parece confianza,
atreverse a miraros es perderos.