Ligurino Jasón, abeto alado,
a los húmidos piélagos confía,
y la cuna y la tumba pisa al día,
al vasto campo de Anfitrite arado;
cuyo triunfante nombre trasladado
de la región ardiente a la más fría,
cediendo a la prudencia su osadía,
esta marina le admiró varado.
Qué esperas, pues, ¡oh barca!, perseguida,
de los impulsos de fortuna varios,
con las alas del tiempo reducida,
donde, si la razón entre contrarios
vientos te niega puertos y acogida,
sepultura es el mar de temerarios.