Pescador hoy el pez del mismo anzuelo
escamoso prodigio, el mar te envía
cerúlea prenda, oh padre, de que ardía
en las ondas tu fe, como tu celo.
Consoló tu orfandad, la suya el cielo,
por misteriosamente fuerza pía,
lúbrico sol de la región más fría
te fue visión y norte en verde suelo.
Prerrogativas mil te debe Oriente
último en tiempo, apóstol no postrero,
incorruptibles ya logrando palmas.
Erija, pues, altares Occidente
a tu memoria en culto verdadero,
segundo redentor de tantas almas.