Miro el inquieto mar, como el piloto
que corriendo fortuna en golfo incierto
a pesar de las ondas, toma puerto,
debido a los efectos de su voto.
Y cuelgo las reliquias que devoto
saqué a luz del engaño descubierto,
y vivo a conocer, a esperar muerto,
suelto el timón de la paciencia roto.
Porque luchar con la paciencia en vano
otro aliento requiere y otros brazos
de más válida fuerza que los míos.
No me tuvo al caer piadosa mano,
y la engañada fe quedó en los lazos
de costosos agravios y desvíos.