Gracias al cielo doy, que ya no quiero
vivir con esperanzas engañado,
desnudo del solícito cuidado,
más ambicioso y menos verdadero.
Que por no ver el tribunal severo
de la difícil puerta del privado,
bien satisfecho, pero mal pagado,
presumo que no alcance lo que espero.
Apacible omisión, plácido olvido,
costoso galardón del que se alcanza
ver a perfecta luz los desengaños.
Mas llego a confesar que voy corrido
de haber perdido el tiempo y la esperanza
comprando afrentas y adulando engaños.