Ya no me engañarán las esperanzas,
ni me disgustarán los desengaños,
que el aviso costoso de mis años
advertimiento saca de tardanzas.
Y con igual semblante a las mudanzas,
el escarmiento deberé a mis daños,
de lástima sujeto y no de engaños,
justificando ofensas y venganzas.
Y retirado del común abuso
de anhelar vanamente pretendiendo
con vil indignidades mi desprecio,
nueva naturaleza haré del uso,
ufano ya de no quedar perdiendo
lo que menos se estima, y es sin precio.