En cuanto tu valor el limpio seno
alimentando está de la serpiente,
que se mantiene de veneno ardiente,
convirtiendo en mal propio el mal ajeno,
logra dulce quietud, cielo sereno
en el de este horizonte dulce ambiente,
sin ver del tiempo la sañuda frente
de tempestades y portentos lleno.
Aquí negados al rigor del hado,
seremos en la escena espectadores,
en el del mundo trágico tablado.
Viendo, pues, menos dignos los mayores,
un menosprecio tengan y un estado,
vencidos de fortuna y vencedores.