Cuando os miro pendiente en un madero,
de sacrílegas lenguas blasfemado,
por mil partes herido, y traspasado
el pecho sacro del agudo acero.
Temo el rigor del Tribunal severo,
viendo el duro castigo ejecutado,
en quien ni fue, ni pudo ser, culpado,
rayo de inmensa luz, Dios verdadero.
Mas, entre el miedo, crece la esperanza
en la inocente Sangre derramada
que por lavar mis culpas dio su vida.
Fe, cuyo aliento a conocer alcanza,
que alma con sangre de su Dios comprada
será a su mismo Autor restituida.