Ciego rapaz de las doradas hebras,
flechero atento que en destreza sobras
al africano experto, y con tus obras
en los fines del orbe te celebras.
¡Oh cuántas fes con tu violencia quiebras!
¡Oh cuántos pechos indebidos cobras!
¡Cuán dulcemente con hechizos obras!
¡Oh cómo sabes más que las culebras!
Tus pagas son (por mucho que lo encubras)
falsas monedas que en tus cuños labras,
o letras que en fallidos bancos libras.
Ruégote, oh desengaño, que descubras
tantos embustes y mis ojos abras,
daré culto a tus aras si me libras.
¡Oh, tú, flor de las hembras,
que endechas tristes por los aires siembras!
Ya que cantar en estas frescas sombras
mi versos acostumbras,
si en Bras no te deslumbras,
advierte, en las cadencias, que le nombras.