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1550–1612

Al asistente de Sevilla, pidiendo el indulto del p

Juan de la Cueva

No des al fébeo Álvarez la muerte, ¡oh, gran don Bernardino! así te veas conseguir todo aquello que deseas en aumento y mejora de tu suerte

Tus crueles ojos en piedad convierte que en usar de ellos tu nobleza afeas; el odio cierra, ciérrale, no creas al vano adulador que te divierte

De ese que tienes preso, el Dios Apolo es su juez, no sufragáneo tuyo; ponle en su libertad; dale a su foro; pues que de hacerlo así, de polo a polo

irá tu insigne nombre y en el suyo Hispalis te pondrá estatua de oro.

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