Con presto curso y con veloz denuedo
sigue Apolo la hija de Peneo;
hurtó el uno las alas al deseo,
y al otro le prestó sus pies el miedo.
«¿Por qué te alejas si alcanzar te puedo?,
le dijo, de mi amor oh digno empleo?
¿Piensas, cual Aretusa de su Alfeo,
huir de mí, que al vago viento excedo?
Alentó la carrera; y ya vencida
cuidó tener de Dafne la dureza;
tanto se le acercó el amante ciego.
Mas del piadoso padre socorrida,
trocando en árbol su mortal belleza,
burló sus brazos y avivó su fuego.