Pudo quitarte el nuevo atrevimiento,
bello hijo del sol, la dulce vida;
la memoria no pudo, que extendida
dejó la fama de tan alto intento.
Glorioso, aunque infelice pensamiento,
disculpó la carrera mal regida;
y del paterno carro la caída
subió tu nombre a más ilustre asiento.
En tal demanda, al mundo aseguraste
que de Apolo eras hijo, pues pudiste
del alcanzar la empresa a que aspiraste.
Término ponga a su lamento triste,
Climene, si la gloria que ganaste
excede al bien que por osar perdiste.