¿A quién me quejaré de aquel engaño,
árboles mudos en mi triste duelo?
¡Sordo mar! ¡Tierra extraña! ¡Nuevo cielo!
¡Fingido amor! ¡Costoso desengaño!
«Huye el pérfido autor de tanto daño,
y quedo sola en peregrino suelo,
do no espero a mis lágrimas consuelo;
que no permite alivio mal tamaño.
Dioses, si entre vosotros hizo alguno
de un desamor ingrato amarga prueba,
vengadme, os ruego, del traidor Teseo»
Tal se queja Ariadna en importuno
lamento al cielo; y entretanto lleva
el mar su llanto, el viento su deseo