Con prodigioso ejemplo de osadía
un hombre miró en la romana puente,
resistir solo de la etrusca gente
el grueso campo que pasar quería.
Ni la enemiga furia le desvía,
ni de la vida el cierto fin presente;
con su valor dejar no le consiente
la temeraria empresa en que insistía.
Oigo del roto puente el son fragoso,
cuando al Tigre el varón se precipita
armado, y sale de él con nueva gloria.
Y al mismo punto escucho del gozoso
pueblo las voces, que aclamando grita:
«Viva Horacio; de Horacia es la victoria».