Vuelta en ceniza Troya, y su tesoro
en despojo del dolope extranjero,
el codicioso Polimnester fiero
la muerte ordena el tierno Polidoro.
¿A qué no obligarás, hambre del oro
sacrílega codicia del dinero,
si quebrantas el inviolable fuero
del sagrado hospedaje y real decoro?
Con justa indignación reprueba el suelo
la culpa avara del cruel tirano,
que poco gozará tales despojos.
Nueva venganza le previene el cielo;
porque de una mujer la débil mano
hará que su castigo vea sin ojos.