No los mármoles rotos que contemplo,
reliquias nobles de la gran Cartago,
ni de Numancia el miserable estrago,
ni los despojos del efesio templo:
no de Sagunto el fin, único ejemplo
de la lealtad y de su injusto pago
decrecen mi dolor, ni satisfago
con su memoria el mal que nunca templo.
Bien que prueba tal vez la fantasía,
mas en vano, aliviar su desventura
con el desastre de sucesos tales;
mas la razón advierte que confía
en remedio engañoso, si procura
con los ajenos consolar sus males.