Si pudo de Anfión el dulce canto
juntar las piedras del tebano muro;
si con suave lira osó seguro
bajar el Tracio al reino del espanto;
si la voz regalada pudo tanto
que abrió las puertas de diamante duro,
y un rato suspendió de aquel oscuro
lugar la pena y miserable llanto;
y si del canto la admirable fuerza
enternece los fieros animales,
si enfrena la corriente de los ríos:
¿Qué nueva pena en mi dolor se esfuerza
pues con lo que descrecen otros males
se van acrecentando más los míos?