Baña llorando el ofendido lecho
de Colatino la consorte amada,
y en la tirana fuerza disculpada,
si no la voluntad, castiga el hecho
Rompe con hierro agudo el casto pecho,
y abre camino al alma, que indignada
baja a la oscura sombra, do vengada
aun duda si su ofensa ha satisfecho
Venció el paterno llanto endurecida,
y de su esposo el ruego, que no basta,
menospreció, con un mortal desvío
«Ceda al debido honor la dulce vida,
que no es bien, dijo, que otra menos casta
ose vivir con el ejemplo mío »