Con heroica grandeza el sabio griego
cantó de aquel astuto Peregrino
el luengo discurrir, cuyo camino
tuvo por fin de Itaca el sosiego.
Y del ilustre Dárdano, que el ruego
de Elisa desdeño y a Italia vino,
los varios casos resonó el latino
plecto, que celebró de Troya el fuego.
Del uno y otro a la sublime gloria
un Peregrino en su fortuna aspira
por la voz dulce y cortesano aviso
del culto Lope, que en su nueva historia
tales sucesos canta con la lira
del Peregrino que lo fue en Anfiso.