A solas en un monte trasportado
está el gran capitán de los menores,
sintiendo y contemplando los dolores
del hijo de la virgen enclavado.
Y vino un serafín muy denodado,
cubierto con sus alas de colores,
y le dio por consuelo mil favores,
dejándolo con ellos esmaltado.
Y habiendo con ayuno muy prolijo
vencido las pasiones que sentía,
y siendo transformado en el amado,
bajo con la señal del crucifijo,
en tablas esta imagen no traía
mas en sus pies y manos y costado.