Si en esta clara ausencia he de olvidarte,
olvídese la vida de quererme;
quiero, señora, amándote perderme,
mas no que piense Amor que he de dejarte.
Bien conozco tu fuerza y bien la siente
mi vista que se abrasa en tus centellas,
mas no pueden llegar do suelen ellas
estar, que dentro está quien no consiente.
Aquella ajena sangre corrompida
que al corazón por mismos ojos vino
cuajada en torno de él el paso impide
que si hallarás tú libre el camino
llegarás por donde mi mal se anida
lo que el alma del cuerpo me divide.