¿Do estás, cuerpo mortal? -Alma, ¿qué quieres?
Que vengas al convite. -¿Quién convida?
El mismo Dios. -¿Y a quién? -A quien su vida
quisiere eternizar y sus placeres.
¿Pues qué tal es la mesa? -Cual tú fueres.
¿Y qué se come? -Dios es la comida,
y su preciosa sangre la bebida.
¿Y el gusto del manjar? -Cual tú quisieres.
Pues alto, de ser convidado acuerdo.
Bien puedes, mas conviene que recuerdes
del sueño de tu grande desacuerdo,
y que del alma suya más te acuerdes,
pues yo sé lo que pierdes si me pierdo,
y sabes lo que pierdo si te pierdes.