Vuelto Damón el rostro al Occidente,
de murta coronado y con helecho,
derrama en un altar que tiene hecho
la sangre de un galápago caliente.
Revuelto un velo negro por la frente,
tiene en la mano un corazón deshecho
de un bermejo cabrón, y el pie derecho
cubierto con las tobas de una fuente.
«¡Cual tengo el corazón en esta mano
de este viejo cabrón, así yo vea
deshecho el corazón de Galatea!»
Esto dice y así lamenta en vano,
que no aprovechará por más que diga,
que es más que tigre hircana su enemiga.