Si rota el asta del cruel tirano,
puesto por tierra el descreído pecho
que tuvo tantas veces en estrecho
el duro Capitán del Rey Cristiano,
vuelves con paz la valerosa mano
de aquel gallardo Joven que ha deshecho
el enemigo campo y tiene hecho
tan temeroso el nombre de su hermano,
por esta gran victoria, fiero Marte,
quiero ofrecerte aquel manchado toro
que entre el ganado viene allí el primero,
y prometo en memoria consagrarte
aquesta hacha que en el asta de oro
lleve con sangre escrito: A Dios Guerrero.