Siendo albergue de cuanto el santo cielo
reparte en ser, valor y hermosura,
vuestra ánima gentil, excelsa y pura,
lustre y honor de nuestro bajo suelo,
os cubre el mal con enojoso velo
la clara perfección de esa figura,
y adolece el primor en quien natura
su poder levantó con sumo vuelo.
El temor de este mal, el sentimiento
que se debe al dolor que injustamente
fatiga el claro rostro y la memoria,
bien podrá disculpar mi atrevimiento,
y callo lo demás que el alma siente,
dignos sujetos de inmortal memoria.