Tendido al pie de un sauce en el arena,
en la dura raíz mal recostado,
sin memoria de sí ni del ganado,
los ojos en la luz que le da pena,
oyendo querellar a Filomena,
estaba sin apero ni cayado,
el semblante en Lucela trastornado,
Silvano de pesar el alma llena.
Con ronca voz que el lloro le había hecho
lamentaba con lágrimas su suerte,
juntando la cabeza al verde sauce.
Hería con suspiros el su pecho,
al cielo suplicando que la muerte
le diese, pues la vida le desplace.