A la sombra de un mirto estaba un día
el niño ciego de mirar cansado;
dejó las armas en un verde prado
y al sueño entre las flores se rendía.
Llegó Sirena, y viendo que dormía,
el arco con las flechas le ha hurtado
y déjale al mozuelo desarmado,
y a paso con el hurto se volvía.
El dios amor, que recordando vido
el hurto de Sirena, va tras ella
llorando que le dé sus pasadores.
Y ella con uno de ellos le ha herido,
y así se muere amor de amores de ella.
¡Ay, Dios, qué harán los tristes amadores!