«Antes resuelva el paso presuroso
de esta clara ribera y claro río,
y nieve como ahora en el estío,
y desampare Alcida a Nemoroso.»
Aquesto vio Fileno en un hojoso
ciprés, llegado a un álamo sombrío,
que estaba en el estéril suelo frío
que baña el viejo Tormes caudaloso.
Rompió en él su zampoña y el cayado
que acabó de cortar en la ribera,
de rabia y de coraje y de amor lleno.
Diciendo a sus ovejas: «¡Ay, ganado...!»
paró la ronca voz y lastimera
el desamado y mísero Fileno.