Amor, yo juro por la flecha de oro
que, aunque vivo, muriendo estoy de amores
por quien me tiene en ásperos dolores:
la fiera tigre mía a quien adoro.
Que bien vi aqueste valle donde moro
en medio del invierno tener flores,
y el duro campo vuelto en mil colores,
y ser morada del supremo coro.
Y vi, de un revoltoso y turbio día,
la más serena tarde y más segura
que suele haber en medio del estío.
Miré, y acaso entonces parecía,
entre una niebla lóbrega y oscura,
con sus hermosos rayos, el Sol mío.