¿Do están mis ojos, que su luz no ven?
¿Do está mi lengua, que a mi bien no cuenta
mi tanto mal y mi tan gran tormenta,
que ya por mis pecados no me creen?
¿Do están mis pies?, ¿Do irán, que se paseen
por el lugar do comenzó mi afrenta?
¿Do está mi cuerpo, que no se presenta
adonde sus sentidos le recreen?
¿Do está el andar con ansia todo el día,
preguntando por quien nuevas me diese
de mi placer, aunque me entristecía?
¿Do el sobresalto, si alguno querría
decirme algo, primero que lo oyese?
¡Y era bueno después cuando lo oía!