Amor me engaña, mas quizá no hace;
quizá es engaño desconfiar yo tanto.
Quiero de mí tirar todo el espanto,
sólo pensar que es cierto lo que place.
Si el alma un poco en sí se satisface,
ahorrará gran parte del quebranto.
Ahora el bien revuelto en tanto llanto
entre mis manos todo se deshace.
Nace de aquí, por mí, un desabrimiento,
y el gusto por aquí empieza a dañarse
con enojo, después con caimiento.
Yo veo, a la sazón, que esto en mí siento,
que un muy gran bien, si deja de gozarse,
es de los males el peor tormento.