En alta mar rompido está el navío
con tempestad y temeroso viento,
pero la luz que ya amanecer siento,
y aún el cielo, me hacen que confío.
La estrella, con la cual mi noche guío,
a vueltas de mi triste lasamiento,
alzo los ojos por mirarla atento,
y dice que, si alargo, el puerto es mío.
Da luego un viento que nos da por popa;
a manera de nubes vemos tierra;
y ha rato ya que dicen que la vimos.
Ya comenzamos a enjugar la ropa,
y a encarecer del mar la brava guerra,
y a recontar los votos que hicimos.