No sé si puedo ya, señora mía,
valerme tantas cuitas como paso;
imaginando estoy siempre aquel paso
que Muerte dará fin a mi porfía.
Y así se acabará todo en un día
lo que en diez años no se anduvo un paso,
tan buenos que de bien no fuese escaso,
cargado de mil males y agonía.
¡Oh mal tan grande! ¡Oh pensamiento fuerte,
que puedes tanto en mí para penarme!
Cuán poco es lo que puedes, pues no muero
de sólo imaginar mi triste suerte
tan desdichada en no poder quejarme
a vos del mal, por más que el mal sea fiero.