Si suspiros bastasen a moveros,
o lágrimas pudiesen ablandaros,
podría yo siquiera así amansaros,
que de mi mal pudiésedes doleros.
Mas suspirar, llorar, ni bien quereros,
nunca jamás pudieron inclinaros
a que mi corazón, con puro amaros,
pudiese sino más endureceros.
Con desamor quizá fuera amansado
el desamor de vuestro sentimiento,
y así quedara yo menos dañado.
Mas es mejor amaros desamado,
y en esto vivir yo de mi contento,
que, sin amaros, ser de vos amado.