Quisiera Amor a su prisión volverme
por castigar mi libre sentimiento,
y me dio de su mano un tan gran tiento,
que hubiera en aquel punto de vencerme;
pero tan cierto vi luego el perderme,
que esto sólo excusó mi perdimiento,
y fue el primer afecto tan sin tiento,
que al segundo fue fuerza rehacerme.
Si con armas, Amor, acostumbradas,
como otras veces sale, me saliera,
según en salvo estoy, quizá esperara.
Mas estas aventuras desusadas
espérelas y empréndalas quien quiera,
que yo no oso esperar muerte tan clara.