Como aquel que en soñar gusto recibe,
su gusto procediendo de locura,
así el imaginar, con su figura,
vanamente su gozo en mí concibe.
Otro bien, en mí, triste, no se escribe,
si no es aquel que mi pensar procura:
de cuanto ha sido hecho en mi ventura,
lo sólo imaginado es lo que vive.
Teme mi corazón de ir adelante,
viendo estar su dolor puesto en celada,
y así revuelve atrás en un instante
a contemplar su gloria ya pasada.
¡O sombra de remedio inconstante!
ser en mí lo mejor lo que no es nada.