Me vi al través en fuertes peñas dado,
casi sin vida, y lo demás perdido;
y entonces fui de seso tan caído
que en tanto mal me vi estar descuidado.
He entendido después tan mal estado
cuando las gentes de él me han advertido;
y así agora, aunque estoy arrepentido,
no me contento, pues tanto he tardado.
No tardé en entender luego el engaño,
pero, de miserable, no quería
acabar de creer tan fuerte daño.
Venció en mí la verdad a mi porfía
y quedó confirmado el desengaño,
tomando nueva vuelta el alma mía.