No es tiempo ya de no tener templanza;
si mi dolor quisiese consentilla
perdono mi congoja y el sentilla,
y el disgusto que del sufrir me alcanza.
Mas el amor me pone tanta lanza
que ojalá yo pudiese no sufrilla;
hagan de mí los hombres ya mancilla,
siquiera porque soy su semejanza.
Caigo y levanto, espero y desconfío;
no tengo del vivir sino que siento:
ya cuanto soy parece desvarío.
Si un poco más en mi penar porfío
en mí presto se acabará el tormento,
su poder acabando con el mío.