¡Oh monte levantado en la alma mía,
en la cumbre del cual agora siento,
con cuánto lamentar fui escarmiento,
para toda la gente que me vía!
Hablilla fui, que en mí se componía,
de lástima y dolor y de tormento;
y entre lenguas se mejoraba el cuento,
que a su placer cada uno le decía.
Sé que es así, no sé cómo se ha hecho,
que ahora, libre, entre todos me contemplo
de la fuerte prisión do fui envuelto.
Y así ahora en memoria de un tal hecho,
colgando estoy los hierros en el templo,
adonde amanecí, despierto y suelto.